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domingo, mayo 11, 2014

Te enamorarás 10 veces


Salieri y Mozart corren por un bosque a plena luz del día mientras dos desconocidos se han enamorado en un andén de metro. A Él le han dejado; Ella ha abandonado a su novio. Cenan en una vacía habitación. Amor mecánico. Amor inhumano. Amor no carnal. Amor perturbado. Diez cortometrajes. Diez cortometrajes que te animan a saltar, a ver detalles, a profundizar. Diez cortometrajes que te harán pensar.



1. DIME QUE YO – Mateo Gil (2008) 

Los cortometrajes –el cine, en general- suelen contarnos historias tan maravillosas como insólitas. (¿Insólitas? ¿De verdad?) ‘Dime que yo’ es un cortometraje para reflexionar con la excusa de una relación improvisada (¿improvisada?). Somos unos egoístas. Un guión de diez, planos de diez, profundidad de diez. Simplemente, sobresaliente. 

   

2. EL COLUMPIO – Álvaro Fernández Armero (1992) 

Probablemente, el cortometraje más entrañable y dulce de esta selección. Te sentirás identificadx desde el primer momento (más si vives en Madrid y más si estudias en Ciudad Universitaria). ‘El columpio’ cuenta la historia que siempre quisiste vivir en primera persona (quién sabe si no lo has hecho ya en tu cabeza…). Te encantará si te gusta el amor más puro y primitivo del ser humano. Una piecita genial para engancharse al género.

   

3. EL TOPO Y EL HADA – Eduardo Grojo (1998 - 1999) 

Indescriptible. Una pieza maravillosa –y maravillosamente visual- para pensar sobre tantas cosas que no se dicen; ni se ven… 


4. INVENTION OF LOVE –Andrey Shushkov (2010) 

¿Recuerdas ese amor que Disney nos vendía en ‘Paperman’? Me gusta compararlo con ese corto porque éste es absolutamente todo lo contrario. Una animación deliciosa con un trasfondo impar.

 

5. I’M HERE – Spike Jonze (2010) 

Lo dije en su momento y lo sigo diciendo: si has visto ‘Her’ y te ha gustado –o encantando-, ‘I’m here’ podría ser perfectamente su precedente. ¿De verdad los humanos nos queremos? Media horita de sabios consejos. Por cierto, ¿alguna vez te has planteado enamorarte de un robot? Lo harás después de verlo.

 

6. CURFEW – Shawn Christensen (2012) 

Una niña repelente y un joven amargado. ¿Por qué hacemos lo que hacemos? ‘Curfew’ -además de uno de los mejores cortometrajes de estos últimos años- es una de esas cintas que termina dando la vuelta a la tortilla al final; algo predecible, pero muy humano. (Para verlo, pincha aquí)
  
7. LUNA – Alejandro Amenábar (1995) 

Ya lo digo siempre: todxs lxs grandes empiezan con cortos. Y Amenábar no es menos. Su más puro estilo se palpa en esta joya. Previsible, lenta y con un final paradójicamente perfecto.

 

8. ZERO – Christopher Kezelos (2011) 

Una nueva propuesta al amor, esta vez, señalada desde fuera, desde lo social. Una historia entrañable con unos protagonistas que más de uno querríamos ser. Muy dulce.

 

9. ENIGMA EN EL BOSQUECILLO – Alex de la Iglesia (2001) 

La autoría lo dice todo. Una carrera interminable por un bosque y unos principales sacados de contexto. Casi cuatro minutitos para acabar odiando a Mozar y Salieri y terminar a carcajadas con ellos. Adorable.

   

10. ALICIA RETRATADA – Pablo García (2001) 

Detallado y cuidado. Un cortometraje para deleitarse con los planos, con la historia y con las letras. Todo amante de la literatura se sentirá mecido por ‘Alicia retratada’ y por sus personajes (muy especiales, por cierto).

 

miércoles, abril 23, 2014

A mí rosas, no libros



Cervantes, Shakespeare y Garcilaso de la Vega, entre tantxs otrxs, decidían enamorarse de la muerte en torno a la misma fecha. Puede que García Márquez también lo hiciera para encuadrar el marco literario perfecto en el triste mes de abril. Eugenio Noel, Teresa de la Parra, Edgar Neville o Josep Pla también decidieron desaparecer el mismo día. 

El mismo día en que se celebra San Jorge (San Jordi en Cataluña), donde –y como me recordaba mi amigo Julio- los hombres regalan una rosa a la mujer y un libro en el sentido inverso. ¿Será que a nosotras no nos gustan los libros? ¿O es que no tenemos derecho a que nos gusten? 

Lejos de las tradiciones que marcan la historia, no fue el 23 de abril cuando Liesel Meminger vió a Max por primera vez después de que desapareciera; fue también la primera vez que lloré entre las páginas de un libro. Cuando Verónika decidió masturbarse delante de Edward fue, también, la primera vez que me excité con palabras. Y cuando conocí a mi compañero, deseé que me viera como Kvothe veía a Donna, Auri y Felurian juntas en una sola mujer. 



Y como mujer que me gusta escribir y leer, hoy –23 de abril, día del libro, reconocimiento a dos grandes de la literatura- lanzo mi pequeño, pero particular, homenaje a todas las mujeres a las que nos gusta escribir y leer; y, en especial, a todas las que tuvieron que escudarse en un seudónimo masculino para poder «estar a la altura» en tan viril mundo. George Eliot se llamaba en verdad Mary Ann Evans; George Sand (recordemos el día de San Jorge) escondía a Aurore Lucile Dupin y Fernán Caballero era Cecilia Böhl de Faber. Rosalía de Castro, Virginia Woolf, Jane Austen, Sidonie Gabrielle Colette, Charlotte Brönte también tuvieron que buscárselas. En la actualidad, no hay que irse muy lejos. Desde 1901 hasta nuestros días –y teniendo en cuenta que ha pasado más de un siglo- poco más de una docena de mujeres han conseguido el Premio Nobel de Literatura. 

 Debe ser que ni nos gusta la literatura ni crearla; preferimos las rosas. 
(Nótese la ironía).

viernes, abril 18, 2014

Cien años de gratitud

INDIRA RESTREPO (en cultura.elpais.com)
Tendría unos 11 años. Sobre la mesita del salón, mi madre tenía un libro que se llamaba «Memoria de mis putas tristes». Para mí, aquella novela debía ser lo peor. Y su autor también. ¿A quién se le ocurriría utilizar el peor insulto que se le puede decir a una mujer en una historia de reconocimiento internacional? Y encima, ¡unas putas tristes! ¡Pues claro que están tristes, no te jode! Reconozco que, aún a día de hoy, no me he atrevido con tal novela (y creo que tiene que ver algo con mi primer encuentro con García Márquez y con mi negativa a tal concepto). 


Ha pasado otra década desde entonces. A día de hoy, puedo decir que el gran Gabriel García Márquez se ha convertido, en mis días, en el referente de un futuro que no me pilla demasiado lejos. Escritor, periodista, cronista. Literatura a ras del suelo, en palabras de Antonio Cándido. Ayer se fue una de las mejores mentes del panorama intelectual. Y no son las palabras ajenas las que le hacen homenaje y grande hoy; sino las suyas propias. Por eso García Márquez sigue vivo; por eso sus putas tristes, sus crónicas y una decena de años solitarios, entre muchas otras palabras, se han vuelto inmortales. 

 Por mi parte, cien años de gratitud.